Hoy he querido abordar un tema enorme: el bien y el mal. Lo hago a raíz de una conversación que surgió en el grupo de Pluribusers en Telegram (¡ya somos más de cuarenta¡) y, en concreto, gracias a un comentario de Paqui, que mañana además se pasará por el podcast para hacer un repaso de los debates más interesantes del grupo.
El tema que propuso fue directo y brillante:
“¿Quién decide qué es el bien y qué es el mal? ¿El que tiene el poder? ¿El que posee la cura? ¿El que se cree más moral?”
Una pregunta simple en apariencia, pero con una profundidad brutal.
El bien y el mal no son universales
Lo primero que quise dejar claro es que, aunque sorprenda, el bien y el mal son subjetivos. No existen por sí mismos.
Un mismo hecho puede parecer bueno desde una perspectiva y terrible desde otra. Si algo depende del punto de vista, no puede ser universal.
Es pura lógica proposicional: A dice que algo es bueno. B dice que lo mismo es malo. ¿Resultado? No hay verdad universal.
Einstein ya lo demostró con el tiempo: dos observadores pueden medir duraciones distintas y ambos tener razón. Con la ética, la moral, lo bueno y lo malo, pasa lo mismo.
Ejemplos cotidianos
Para que se entienda, pongamos varios ejemplos.
Si alguien abre una panadería, parece bueno: crea empleo, ofrece pan a la gente. Pero para la panadería de al lado, que estaba ya antes, es una putada mala noticia.
Lo mismo ocurre con una ONG de ayuda al tercer mundo que crea dependencia o incluso algo tan bueno a prori, como la energía solar, que es buena para el planeta pero mala para la gente que vide de la industria del petróleo.
Incluso algo como curar una enfermedad puede considerarse bueno para el humano… pero terrible para el virus.
Pensemos en Thanos. Cuando elimina a la mitad del universo, ¿es malo? Para los que mueren, sin duda. Pero desde la perspectiva del planeta, que vuelve a equilibrarse, podría parecer bueno.
Así que sí: todo depende del punto de vista. Y cuando la palabra «depende», suele ir de la mano de «subjetivo».
Aplicado a Pluribus
En el contexto de la serie, Dani (otro de los miembros del grupo de pluribusets), apuntaba que lo que quieren hacer no es bueno. Que convertir a toda la humanidad en un solo ser podría verse como un genocidio. Desaparecen los individuos, se borra la identidad humana, se anula la libertad personal.
¿Es eso ayudar o destruir? Depende de cómo se mire. Si lo observamos desde fuera, parece un acto de compasión: eliminar el sufrimiento, acabar con las guerras y la soledad. Pero desde dentro, para los humanos que pierden su individualidad, puede ser una forma de muerte.
Ayudar sin permiso
Aquí es donde retomo lo que planteé en el episodio anterior:
Si creemos que vamos a hacer un bien a alguien, ¿está justificado hacerlo incluso en contra de su voluntad?
Ojo, es importante la distincion. No h»acer un bien” (que es subjetivo), sino creer que estamos haciendo un bien. Y mi pregunta sigue siendo: «¿Está justificado cometer lo que pensamos que es un bien a otra persona o colectivo, aunque no ellos no lo pidan o estén en contra?» ¿Está justificado curar a un drogadicto, aunque él no lo quiera?
Porque en el fondo, quien actúa siempre lo hace desde su propia escala moral. Y esa escala no es universal. Es personal, cultural, relativa.
La importancia de pensar
No pretendo dar una respuesta definitiva, porque, entre otras cosas, ni la tengo ni creo que exista.
Lo interesante de estos debates es precisamente eso: pensar sin necesidad de resolver. Cuestionar, contrastar, mirar los matices, ver qué nos mueve a decir “esto está bien” o “esto está mal”.
Porque no crecemos como personas por decidir más rápido, sino dudando, analizando, y pensando. Esa es la magia de Pluribus, y también la del grupo: debatir con respeto, sin imponer. Cada opinión aporta una capa nueva de interpretación.
Y sí, puede que no salgamos del episodio con una conclusión clara. Pero si salimos pensando un poco más y juzgando un poco menos, entonces el ejercicio ya habrá valido la pena.
Nos escuchamos mañana, con Paqui y un repaso de los temas más potentes que se están cociendo en la comunidad. Hasta entonces, ¡muy buenos días!
