Hoy he querido hacer algo distinto. Un experimento mental. No tanto hablar de la trama de Pluribus, sino de lo que la serie nos hace pensar. Me apetece jugar a imaginar qué haríamos nosotros en una situación parecida. Allá vamos:
El planeta de los Hyde
Os propongo que cerremos los ojos y visualicemos un planeta lejano.
Sus habitantes viven en paz… hasta que, sin previo aviso, sufren un trastorno disociativo y se transforman en seres violentos. Una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde colectivo. La mitad del tiempo son buenos; la otra mitad, auténticos monstruos.
Y resulta que nosotros tenemos la cura. Podemos enviarles una señal, un código, un “medicamento genético” que elimine para siempre a sus Hyde.
Se quedarían solo con su parte buena. No habría más asesinatos, ni violencia, ni caos. Pero claro, también mataríamos a la mitad de cada mente.
¿Sería ético hacerlo? ¿Podemos decidir por ellos, aunque sea “por su bien”? ¿Es correcto eliminar la parte mala de alguien si con ello aniquilamos una de sus identidades?
El planeta conectado
Ahora imaginemos el caso inverso.
Vivimos en un mundo en el que todos los habitantes estamos conectados mentalmente, como en Pluribus.
No hay guerras, ni robos, ni mentiras. Todos compartimos pensamientos, emociones y decisiones. Vivimos en armonía, en plenitud constante.
Un día, buscando otros planetas, descubrimos uno con seres vivos y lo flipamos muy fuerte: guerras, hambre, egoísmo, soledad. Vamos, una especie rota, una civilización enferma.
Analizando la situación, descubrimos la causa: ¡Esos seres vivos están estropeados» ¡No están conectados entre ellos! Y eso es lo que causa todos los males.
Y encima, resulta que tenemos la “cura”: una secuencia de ARN que puede «arreglar su fallo», conectarles, y eliminar la violencia. Desde nuestro punto de vista, sería un acto de compasión. Desde el suyo… ¿una invasión?
¿Quiénes son los buenos?
Aquí está el dilema.
Si un adicto a las drogas se niega a recibir ayuda, ¿debemos dejarlo autodestruirse? ¿O ayudarle aunque no quiera?
Todos hemos visto casos así. Y cuando esa persona se recupera, normalmente agradece que la hayamos “forzado” a curarse.
Entonces, si el colectivo de Pluribus nos ve como a un drogadicto que no puede dejar su adicción a la violencia y la soledad, ¿acaso no creen estar salvándonos?
¿Son los malos por ayudarnos sin permiso, o los buenos que hacen lo necesario para detener el sufrimiento? La línea entre ayuda y libertad es compleja.
Y lo mismo podríamos preguntarnos con un ejemplo más extremo: si pudiéramos matar al capitán del Titanic antes de zarpar para salvar miles de vidas, ¿lo haríamos? ¿Y si fuera Hitler? ¿Podemos sacrificar a uno, sin su consentimiento, por el bien de los demás?
Última analogía
Permitidme un paralelismo más antes de finalizar…
Imaginemos que encontramos un planeta con seres vivos mucho más limitados que nosotros. No tienen nuestra capacidad intelectual, ni de lenguaje avanzado, pero son sensibles, inteligentes, con emociones y familias…
¿Qué haríamos con ellos? Los esclavizaríamos, separaríamos de sus familias, y los mataríamos? ¿O intentaríamos ayudarlos, cuidarlos, y respetarlos?
¿Parece que lo segundo, no? Y sin embargo, eso mismo es lo que hacemos con los animales aquí, en la Tierra. Sabemos que sienten, que sufren, que lloran cuando se les quita a sus hijos, y aun así los usamos, los encerramos y los matamos. No por compasión, sino por placer o costumbre.
Si nos escandaliza que una raza alienígena quiera “ayudarnos” sin permiso, ¿no deberíamos escandalizarnos también de lo que hacemos nosotros con los demás seres vivos?
Pensar, no juzgar
En este episodio no pretendo dar una respuesta. No tengo una conclusión clara, ni creo que la haya.
Lo que me fascina es el proceso de pensar, de darle vueltas a los dilemas morales que plantea la serie.
Ayudar o respetar. Libertad o bienestar. Individualidad o armonía.
Eso es lo que me inspira Pluribus: vernos reflejados en cada decisión del colectivo, en cada gesto de Carol, en cada dilema ético que surge.
Porque quizá lo importante no es decidir si los alienígenas son buenos o malos, sino entender lo que dice eso de nosotros.
A mí, personalmente, estos ejercicios me ayudan a ordenar ideas, a cuestionarme cosas, a descubrir ángulos nuevos. Y reconozco que Pluribus se ha convertido casi en una excusa perfecta para hablar de todo esto con vosotros. :)
Así que, antes de juzgar a los que nos “quieren ayudar”, tal vez deberíamos mirar qué hacemos nosotros cuando estamos al otro lado.
Nos escuchamos en el próximo episodio. Y hasta entonces, pensadlo:
¿Hasta qué punto estaríais dispuestos a perder vuestra libertad, si con ello el mundo alcanzara la paz? ¿Y la liberdad de otra persona?
