26. Pluribus: Episodio 1×9. La chica o el mundo

Cierre de temporada. Y, la verdad, muy chulo. No porque nos haya pillado por sorpresa (prácticamente todo lo importante ya lo habíamos comentado en el grupo, en Reddit y en mil teorías) sino por cómo está contado. No hay grandes giros inesperados, pero la puesta en escena funciona muy bien y deja un sabor final potente.

Arrancamos con la escena filtrada de la conversión de la chica de Perú, 71 días después del día cero. Todo es bucólico, tranquilo, casi demasiado bonito. Ella barriendo, nerviosa, intentando disimular. Y entonces llega el momento clave: el virus personalizado. Ya no hace falta besos ni nada complejo, solo olerlo. En siete segundos, conversión completada. Versión “turbo” del virus. Y ahí está una de las ideas más potentes del episodio: la desaparición del individuo. La cabrita que ya no recibe caricias es un detalle pequeño, pero demoledor. La empatía se diluye.

A partir de ahí empiezan las preguntas incómodas. ¿Qué pasó realmente en el momento cero? ¿Helen murió por la conversión o por el golpe al caer? ¿Este método de contagio es nuevo o ya se usó entonces? Nadie pregunta nada, y eso inquieta todavía más.

Luego llega Manousos. Personaje enorme. Incómodo, imprevisible, ético a su manera. No sabes si confiar en él o temerlo. Su relación con Carol es un tira y afloja constante: desconfianza, ironía, choques de personalidad… La escena del móvil traduciendo mientras se insultan y el iPhone acaba por la alcantarilla es oro puro.

Manousos no se fía de nada ni de nadie. Paraguas para que no les lean los labios, miedo a micrófonos, drones, conspiraciones… y, sin embargo, muchas de sus sospechas tienen sentido. Bajo ese paraguas llega una conversación clave: él cree que el colectivo es maligno, que quizá sería mejor eliminarlos; Carol defiende que no son malos, solo demasiado majos.

Carol se cansa del paraguas y dice que se va a casa. Manousos la sigue, y buscando micros como un triunfito, encuentra un detector, que resulta ser de Hellen, para controlar a Carol durante los días en los que iba a congelar los óvulos. Carol manda a Manousos a casa de Wilson, y a partir de ahí todo se acelera.

Manousos que no se rinde, se pide a Zosia para charlar un rato. Carol se pone celosa y se la quita. Manousos se pide a otro y le provoca un telele, la frecuencia que cambia, los experimentos improvisados de Manousos con la radio. El momento en el sofá es tensión pura… hasta que Carol dispara. Y el colectivo aprende: esta vez sí aplican el silencio. Se retiran. Desaparecen. Manousos es peligroso.

Cuando parece que Manousos podría cruzar una línea oscura, da un giro: no quiere destruir, quiere revertir. Cree que hay una forma de deshacerlo todo. Y ahí Carol falla. En vez de escuchar, se va. Prefiere a Zosha. Prefiere la felicidad y besitos. Manousos le suelta la frase clave: ¿quieres salvar el mundo o a tu chica?

La respuesta llega en la recta final. Carol vuelve de la luna de miel interruptus cuando descubre que no solo la están tocando a ella, sino también a sus óvulos. Aishhh… Por su cuenta, Manousos está estudiando electromagnetismo, diccionario en mano, metódico, obsesivo.

Y entonces el golpe final: llega el helicóptero con Carol y una bomba atómica. Vale, tú ganas. Salvemos al mundo. Fin de temporada.

No es un final inesperado, pero sí coherente. Quizá un poco ingenuo por parte de Carol no haber preguntado antes por los óvulos. Quizá no quiso saber. Cuando lo hace, ya es tarde. Y el tono final, casi de western, deja claro el nuevo tablero: Manousos como posible salvador del mundo, Carol dividida entre el amor y la responsabilidad, y un conflicto que ya no tiene vuelta atrás.

Ahora toca esperar. Mucho. Demasiado. Pero mientras tanto, seguiremos analizando cada pista, cada frecuencia y cada teoría. Porque Pluribus ha terminado su primera temporada… pero la historia, claramente, acaba de empezar.