4. Pluribus: Consecuencias de una mente colectiva

En este episodio nos hemos reunido con Paqui Espartero, youtuber especializada en walking tours, para imaginar juntos las consecuencias de vivir en un mundo como el de Pluribus.

Si toda la humanidad formara parte del colectivo, ¿cómo cambiaría el arte, la economía, la política o incluso nuestras emociones?

La conversación ha sido un viaje de ideas, dilemas y humor. Y lo primero que coincidimos es que lo peor de todo sería evidente: no habría podcasting. Si todos estuviéramos conectados, sabríamos lo que piensa el otro en todo momento, y ya no tendría sentido hablar, ni grabar, ni debatir. Un mundo sin conversación… qué tristeza.

Una ciencia ficción que sentimos cercana

Comentamos con Paqui que lo que nos gusta de Pluribus es que no es una ciencia ficción lejana como Star Wars. No hay galaxias imposibles ni criaturas de ocho brazos, sino un escenario posible, humano, casi cotidiano.

Precisamente por eso engancha tanto: porque plantea dilemas morales y éticos que podrían ocurrirnos mañana mismo.

Nos reconocemos en esos personajes y en sus dudas. ¿Qué pasaría si de verdad llegara una señal del espacio con instrucciones? Lo más probable es que, como humanidad, no resistiéramos la curiosidad. Lo montaríamos. Nos podría la tentación de saber, igual que en la serie.

El virus, el colectivo y las preguntas sin respuesta

Coincidimos en que la serie está llena de misterios: ¿de dónde viene esa señal?, ¿quién decide las reglas morales del colectivo?, ¿por qué algunos humanos quedan fuera?

Y sobre todo, ¿qué buscan exactamente? Porque hasta ahora hemos visto paz, cooperación y veganismo, pero no sabemos si esa armonía oculta un propósito más oscuro.

Nos intriga pensar si hay una mente superior detrás, una conciencia que dirija el orden y la ética. No puede ser pura casualidad que un grupo tan inmenso funcione sin conflicto ni discrepancia.

Un mundo sin dinero ni propiedad

Nos preguntamos cómo funcionaría la economía si todo el mundo compartiera la misma mente. No habría dinero, ni bancos, ni salarios.
Imaginamos un sistema donde cada persona (o cuerpo) realiza la tarea necesaria en cada momento. Si hay un incendio, todos lo saben y acuden quienes están más cerca. Si hay que cultivar, plantar o construir, se hace sin jerarquías ni órdenes.

Es una idea utópica que podría funcionar sobre el papel, pero también sabemos que los intentos de colectivismo absoluto siempre han chocado con el ego humano. Por eso Pluribus fascina: porque muestra lo que nunca hemos podido lograr.

Política, poder y decisiones

En un mundo donde todos comparten la misma conciencia, la política desaparece. No habría líderes ni votaciones, porque no habría discrepancias. Todos actuaríamos en la misma dirección, sin necesidad de leyes ni parlamentos.

Pero aquí surge otra pregunta: si no hay debate, ¿cómo se toman las mejores decisiones? El colectivo parece tenerlo todo claro desde el principio, y esa unanimidad nos genera desconfianza. Nos cuesta imaginar un consenso perfecto sin manipulación detrás.

El arte y las emociones

Para Paqui, el punto más triste sería el fin del arte.
El arte nace de la emoción individual, del yo, del ego, del conflicto. Sin emoción, no hay pintura, música ni poesía. Un mundo sin individualidad sería funcional, sí, pero plano, sin matices.
Nos cuesta imaginar un universo donde todos compartan los mismos gustos, donde la belleza no se discuta ni se interprete.
¿Sería todo beige? ¿Minimalista? ¿Perfecto… y aburrido?

Y lo mismo ocurre con las emociones. Si todos sintiéramos a la vez el placer o el dolor de los demás, vivir sería insoportable. Un solo estremecimiento, y millones lo experimentarían. ¿Cómo se gestiona algo así?

Ciencia, tecnología y conocimiento absoluto

En cambio, hay un campo donde estar unidos podría ser una bendición: la ciencia. Si cada mente tuviera acceso al conocimiento completo del resto, el avance sería instantáneo.

Podríamos curar enfermedades, eliminar errores, descubrir en días lo que hoy tardamos siglos. La pregunta es si el colectivo querría hacerlo. ¿Tendría interés por seguir aprendiendo? ¿O llegaría un punto en que ya no hubiera nada más que descubrir?

Sociedad, cultura y lenguaje

Con una sola conciencia global desaparecerían las lenguas, las tradiciones y las diferencias culturales. Seríamos una humanidad homogénea, sin fronteras ni acentos.

Pero también sin risas compartidas, sin historias propias, sin secretos. Y ahí llegamos a una pregunta clave que nos lanza Paqui al final del episodio: ¿Podemos vivir sin secretos? Porque si todos lo supiéramos todo, quizá el mundo no resistiría.

Un cierre con dudas, no con certezas

Terminamos la charla con sensaciones encontradas. Nos atrae la idea de una humanidad sin violencia, sin dinero, sin desigualdad.

Pero también nos asusta perder lo que nos hace humanos: el misterio, el arte, la emoción, el yo. Tal vez el mensaje de Pluribus sea justo ese: que el progreso sin alma no es progreso.

Que el conocimiento total puede ser una forma de silencio. Y que, por ahora, preferimos seguir hablando, grabando y compartiendo ideas… aunque eso signifique seguir siendo imperfectos. ¿Vosotros qué pensáis? ¿Podríamos vivir sin secretos, sin ego, sin emociones individuales?

Nos encantará leer vuestras teorías y comentarios.